20 canciones que han definido los 20 primeros años de música popular del siglo XXI

Fernando Guerrico

Cada etapa histórica tiene canciones que la representan. En estos primeros veinte años de siglo XXI, en los que la industria de la música ha sufrido los cambios más radicales de su historia, las transformaciones estructurales impulsadas por la revolución tecnológica han derivado en una democratización de los medios de creación y de escucha, que ha generado una tensión entre el viejo y el nuevo mundo de la música popular. Uno resistiendo, y el otro empujando para acaparar la playlist del nuevo milenio. ¿Qué canciones son las que han definido el pop de estas dos décadas? Esta heterogénea alineación de comentaristas musicales trata de dilucidarlo, escogiendo dos cada uno. Dale al play y disfruta con su selección.

Víctor Lenore («Vozpópuli»)

– «Dame tu cariño», de Camela (2001)

– «Me vas a extrañar», de Damas Gratis (2018)

Seguimos empantanados en una idea del artista propia del siglo XIX. Les imaginamos como seres especiales, atormentados, que necesitan discos dobles para expresar sus conflictos. En realidad, es mucho más difícil escribir canciones como estas, himnos de amor sencillos con las trescientas palabras de siempre. Hay que ser rematadamente grande para conseguirlo, tanto como Juan Gabriel y como Roberto Carlos. Nuestros Camela componen el perfecto himno de resistencia contra las relaciones líquidas, mientras Damas Gratis -los reyes pop de las villas miserias argentinas- mezclan de manera magistral la alegría y la tristeza del amor. Ninguno inventa nada, ni falta que hace, pero dan calorcito a nuestros cuerpos y nuestros corazones.

Nando Cruz («El Periódico»)

– «Losing my edge», de LCD Soundsystem (2002)

– «Un violador en tu camino», de Las Tesis (2019)

El debut de la banda de James Murphy se adelantó una década al ‘Retromanía’ de Simon Reynolds y resumió en apenas ocho minutos lo que al crítico inglés le llevó más de 600 páginas. La reivindicación de grupos de culto como salvoconducto cool, el pasado como desacomplejada fuente de inspiración, el enciclopedismo compulsivo… ‘Losing my edge’ es teoría y práctica. Ironía y rompepistas. Y Killing Joke. Y Can. Y Suicide. Y los Sonics. Y…

«Un violador en tu camino» no se vende en formato físico ni digital. No entró en radiofórmulas. Sin embargo, ha sonado en medio mundo gracias a colectivos que la han interpretado en múltiples idiomas. La canción protesta más incisiva de su era es también una inesperada grieta en los canales de promoción musical. Viral y oral, sin instrumentos y totalmente al margen de la industria del ocio. Una performance que ya es canción popular y universal.

Joan S. Luna («MondoSonoro»)

– «Alright», de Kendrick Lamar (2015)

– «Bad Guy», de Billie Eilish (2019)

Aunque su onda expansiva quedará todavía más clara con el paso de los años, es evidente que «To Pimp A Butterfly» supuso un nuevo arranque para el rap estadounidense y sobre todo para que volviera a ser el eje central de unas reivindicaciones raciales que daba la impresión habían quedado fuera del mainstream. No en vano, posteriormente «Alright» se convirtió en la banda sonora de las revueltas raciales de Black Lives Matter. A eso hay que sumarle además que supusiera un espaldarazo para toda una generación de músicos de jazz que han acabado marcando una parte de la realidad musical de los últimos años.

Escojo «Bad Guy», pero podrían ser muchas otras canciones firmadas por mujeres que han tomado las riendas de su carrera, y han dado un vuelco al pop mainstream sin miedo a asumir riesgos o a firmar canciones que huyeran de los tópicos y reivindicasen el papel de la mujer en la industria. Y aquí tanto nos serviría una canción de Beyoncé como una de Charli XCX, una de FKA Twigs como una de Lana Del Rey, una de Lizzo o Cardi B como una de Kate Tempest, una de Grimes como una de Florence And The Machine…

Virginia Díaz (Radio3)

– «Take Me Out», de Franz Ferdinand (2004)

– «Malamente», de Rosalía (2018)

«Take Me Out» es un gancho inmediato, en ella sobrevuela el espíritu de Talking Heads con un sonido del Siglo XXI y una energía arrolladora. Se reconoce en cuanto suena el primer acorde de guitarra y esa electricidad que provoca se multiplica por infinito en directo. Cuando Franz Ferdinand –expertos en conciertos incendiarios- la tocan es fácil que el público se vuelva loco.

Si hay una canción que una de manera magistral vanguardia y tradición y que consiga poner de acuerdo a todo tipo de artistas, prensa, industria musical y público de hasta tres generaciones distintas, es «Malamente». Rosalía ha derribado muros de prejucios y ha roto fronteras como nadie había sido capaz en muchos años.

Carlos H. Vázquez («Jot Down»)

– «Hurt», de Johnny Cash (2002)

– «Seven Nation Army», de The White Stripes (2003)

Hay versiones que acaban superando a la canción original. La dolorosa interpretación de Johnny Cash del tema de Nine Inch Nails –en «American IV: The man comes around», producido por Rick Rubin– en el final de sus días fue la banda sonora de un milenio que parecía haber empezado viejo y cansado ya en 2002.

Se sabe que una canción ha trascendido lo suficiente cuando es cantada por toda una hinchada. Lewandowski, de libre directo, le hace un gol al Atlético de Madrid. Entonces, ahí está: «Loooo, lo, lo, lo, lo, loooo, looo…». ¿La música no se trata de eso, de llegar a todo el mundo? En 2003, en aquel maravilloso «Elephant», The White Stripes publicaba lo que poco tiempo después se convertiría en un cántico de guerra.

Santi Carrillo («Rockdelux»)

– «Get ur freak on», de Missy Elliot (2001)

– «Drunk in love«, de Beyoncé y Jay-Z (2013)

«Get ur freak on» es energía, chulería y experimentación. Empieza en japonés, una línea en hindi, síncopa percusiva, aires orientales: esto es un escupitajo en la cara, literal. Si en 2001 arrasó con «Get Ur Freak On», al año siguiente repetiría con «Work It», dos muestras del laboratorio experimental que, bajo la tutela de Timbaland a los controles, exhibía la reina del hip hop a principios del siglo XXI. Pionera de las divas R&B que vendrían después, cuando Missy hablaba, todos/as callaban.

«Drunk In Love» podría ser la cara B del efervescente «Crazy In Love» que la pareja grabó en 2003, pero este sensual y sincero ronroneo de amor y sexo, erigido en glorioso momento de 2013, fue, sobre todo, la demostración del poder supremo de Beyoncé en todos los terrenos; en los negocios, en la cama (aquí, en el suelo de la cocina, entre botellas de alcohol) o donde fuese. Esta oda a la reconquista de su sexualidad tras su maternidad, entre ritmos de hip hop sureño, llegó tres años antes del explícito «Lemonade», donde –vaya, Beyo– lavó los trapos sucios de su matrimonio tras la infidelidad de Jay-Z.

Héctor G. Barnés («Ruta 66»)

«Murder Most Foul», de Bob Dylan (2020)

«Jesus, etc», de Wilco (2002)

¿Hay algo más siglo XXI que la obsesión por el siglo XX? El pop de nuestra es el arte de la fantasmagoría, y el primer single del último trabajo de Bob Dylan, un torbellino que engulle a JFK, Nat King Cole o Dickey Betts para vomitarlos en forma de monumento funerario.

Cuando Jeff Tweedy escribió aquello de «grandes edificios se tambalean, voces se escapan cantando canciones tristes», aún faltaban meses para el 11-S, pero pocos discos han captado mejor la melancolía tras los atentados que el Yankee Hotel Foxtrot de Wilco.

Sara Morales («EfeEme»)

– «Reptilia», de The Strokes (2003)

– «Neighborhood», de Arcade Fire (2004)

Arrancamos el milenio creyendo que lo teníamos todo. Pero a la vuelta de la esquina nos esperaban nuevas formas de asistir al rock y a la cultura pop, que iban a transgredir los márgenes establecidos. Una de las primeras bandas que nos empujó a la modernidad fueron The Strokes con su segundo álbum, «Room on fire», donde se esconde «Reptilia», ese canto urbanita atestado de guitarras que ya sonaban a nueva era. La otra fue Arcade Fire con «Neighborhood #1», de su totémico «Funeral». Una sobrecogedora pieza de halo instrumental y voces disonantes, tan insuperable e irrepetible, que no tardamos en comprender que podíamos quedarnos a vivir en ella para siempre. Y allí seguimos.

Xavier Sancho («El País»)

– «Power», de Kanye West (2010)

– «Royals», de Lorde (2013)

«Power» y el disco que la contiene, «My beautiful dark twisted fantasy», marcan la llegada a la cima de Kanye West. Aquí se le oye celebrarlo desde ahí arriba. Llevaba una década escalando, y a partir de aquí pasó el siguiente decenio descendiendo. Primero, lentamente; luego, a toda pastilla. Power se sirve de un tema que King Crimson lanzaron 50 años antes y que parece escrito con la mente puesta en Kanye para armar un corte descomunal, donde todo suena grande. Cada verso es un tuit. Los compases no se suceden, se amontonan. Entonces parecía el futuro del hip hop. Lo fue un rato. Hoy sirve para anunciar cualquier cosa.

Lorde no había cumplido ni los 17 cuando lanzó esta absoluta maravilla. La interpretación vocal es rasposa y delicada, como la música es áspera y suntuosa a la vez. Portishead hasta arriba de Jägermeister. Pero el significado de «Royals» va mucho más allá de su valor musical. Es un tema habla de una relación platónica con un jugador de béisbol de los Kansas City Royals y a la vez es un himno de clase, de orgullo de descastado, de adolescente que está fuera, mira adentro y lo le pide el cuerpo es entrar ahí y mear en la fuente de champán. Pero qué pereza todo. Sin «Royals» no hay «Euphoria».

David Gallardo («Mercadeo Pop»)

– «Vertigo», de U2 (2004)

– «Mr Brightside», de The Killers (2004)

El último gran éxito comercial de U2. Supuestamente, según el vocalista Bono, es «punk rock de Venus». Trasladando eso al lenguaje terrestre, es algo así como una contagiosa canción de pop con un riff de guitarra tan sencillo como contundente. ¡Uno, dos, tres, catorce!

Fue noticia que José María Aznar fuera a su concierto en Madrid en 2006 y que Pedro Sánchez volara en el Falcon para verles en el FIB 2018. Más allá de su tirón político, los de Brandon Flowers pasan por ser el gran grupo que pudo reinar, pero se quedó en eterno aspirante. Con temazos incontestables, eso sí.

 

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