La Máquina de Hacer Pájaros: La historia de Películas, el disco que habló de la dictadura durante su apogeo

Fernando Guerrico

El 24 de marzo de 1976, Argentina sufrió el golpe de Estado más sangriento de su historia. Un país que venía acostumbrado a los gobiernos de facto se vio sumergido en un horror que nadie imaginó, y que debería sufrir por los siguientes siete años. Mientras esto ocurría, Charly García, quien ya se había ganado un lugar entre los músicos más importantes del país tras su éxito con Sui Generis, comenzaba a darle forma a su siguiente grupo: La Máquina de Hacer Pájaros.

La banda tenía un estilo mucho más progresivo y sinfónico que sus proyectos anteriores, además de una gran variedad instrumental y rítmica. El mismo Charly solía denominar a La Máquina como “el Yes del subdesarrollo”, debido a las influencias de la banda británica. Por desgracia, debido a algunas diferencias y cruces de egos entre los integrantes (García, Oscar Moro, Carlos Cutaia, Gustavo Bazterrica, y José Luis Fernández), el grupo solo tuvo dos años de existencia, pero logró dejar como legado un disco excepcional: Películas (1977).

El álbum retrata el contexto dictatorial y la vida diaria de las personas en un escenario de dolor y muerte, al mismo tiempo que todo eso ocurría. Había que buscar estrategias discursivas para eludir a los militares y continuar con una mirada crítica de la realidad del momento. En épocas de censura y persecución, Charly se la jugaba por contar lo que veía. Si cantar «Juan Represión» o «Botas locas» le había traído problemas durante la corta etapa democrática previa al golpe, ahora estaba casi obligado a escribir algo un poco más discreto.

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La tapa del disco muestra a los integrantes de la banda saliendo de un cine de ver una película de Alfred Hitchcock titulada Trama macabra, donde ocurren situaciones que se pueden vincular directamente con la sociedad argentina de la época: mentiras, secuestros y asesinatos. También vemos un hombre ciego, que metaforiza la complicidad civil con la dictadura, aquellos que no querían ver lo que estaba ocurriendo. A su vez el ciego tiene un cuadro que retrata la imagen de manera infinita, una realidad que se repite y de la que no se puede salir.

Esa última imagen de una existencia de la que no hay escapatoria es un reflejo gráfico de una frase de la canción «Marylin, la cenicienta y las mujeres»: “Esto no es un juego, nena, estamos atrapados”. Este tema continúa con lo que García buscó en el disco Instituciones de Sui Generis, una crítica a la sociedad patriarcal y tradicionalista, hundida aún más por la “moral” dictatorial, y del rol de las mujeres en ella. Hilando fino podemos entender varias frases de la canción (“Vuelve pronto a casa/Todos tenemos hogar”) como referencias al contexto, no solo para las mujeres, sino para todos los que podían ser perseguidos.

La canción que da nombre al disco retrata la angustia que se vivía, la impotencia ante un hecho que superaba por completo a cualquiera. Frente a dicho escenario el músico, resignado, se pregunta: “¿Que se puede hacer salvo ver películas?”. El personaje de este tema está encerrado viendo una y otra vez el mismo film y comienza a confundir realidad con ficción, su única vía de escape es su mente. Entonces cree ver a la actriz y quiere subirse al auto con ella, que vive tranquila sin el temor a que la vayan a buscar: “Me acercaré al convertible/Le diré quiero ser libre/Llévame por favor”.

» alt=»» aria-hidden=»true» />Charly García y La Máquina de Hacer Pájaros
Charly García en Luna Park junto a La Máquina de Hacer Pájaros en 1976

«Hipercandombe» es quizás la canción que más refleja el sentimiento de desesperanza, paranoia y miedo que se sentía en estos años: “Cubrís tu cara y tu pelo también/Como si tuvieras frío/Pero en realidad /Te querés escapar de algún lío”. Tanto Charly como la gran mayoría de los rockeros usaban pelo largo, hecho suficiente como para que los llevaran detenidos. Es una canción pesimista, Charly ya no tenía esperanza en el país y añoraba estar con su novia, Zoca, que vivía en Brasil. Finalmente, un grito de auxilio que se hacía eco en todos los rincones del país: “Déjenme en paz, no quiero más”. Un golpe de realidad justo en la cara.

Contradictoriamente con el anterior tema, «No te dejes desanimar» llega para inyectar un poco de optimismo. García pide que no se bajen los brazos, no sucumbir ante la desolación, y no dejar nunca de reír. Ya es todo bastante difícil como para que además seamos presos de nosotros mismos: “No te dejes desanimar/No te dejes matar/Quedan tantas mañanas por andar”. La única manera de sobrellevar un mal momento es tratando de ponerle buena cara. Si el anterior tema es un golpe de realidad, este es una caricia que te dice “todo va a estar bien”.

El disco se completa con «El vendedor de las muñecas de plástico», otro tema que, con ironía, critica a la sociedad machista; «Ruta perdedora», una triste canción que busca explicar que la vida en el rock puede parecer un paraíso, pero que en realidad también puede ser algo mucho más sombrío; y los temas instrumentales que abren y cierran el disco, «Obertura 777» y «En las calles de Costa Rica». Estos temas continúan con una costumbre del Charly García de los setenta y comienzos de los ochenta: la canción de protesta o crítica al poder, sea militar, económico o político. La Máquina de Hacer Pájaros es una etapa un poco borrosa de la carrera del músico, duró muy poco y no tuvo el éxito comercial esperado. Hoy, 45 años después, tenemos la posibilidad de seguir disfrutando de un disco que no solo suena excelente, sino que también es un registro de época.

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