Idles habla sobre la metamorfosis de su disco Crawler: «Quisimos dejar atrás la banda que éramos»

Fernando Guerrico

La carrera de Idles no hizo más que crecer a pasos agigantados con la fuerza del impacto como insignia desde la salida de su primer disco Brutalism en 2017. Con un fuerte discurso crítico a la idea del progreso y a la injusticia social, el mensaje de hartazgo del grupo británico llegó a su apoteosis con Ultra Mono en 2020, un álbum impregnado en ira, fastidio y dejos de ironía que marcó el fin de una era para Joe Talbot y compañía.

Casi como un acto reflejo, instantáneamente surgió Crawler, su cuarto y último material de estudio que contó con Kenny Beats como colaborador en la producción y que se gestó en un contexto de hermetismo signado por la pandemia. Con un enfoque diferente, la banda de Bristol optó por narrar en primera persona vivencias propias, siendo la superación de Talbot a su adicción el hilo conductor principal de las canciones.

Crawler fue la reinvención que Idles necesitó para abandonar todo lo que alguna vez fue y volverse a encontrar en otra sonoridad aun más policromática y en un mantra introspectivo; un nuevo aire para una banda que jamás quiso catalogarse bajo ningún preconcepto, alejándose cada vez más del espíritu nihilista que alguna vez manifestó.

«Con Ultra Mono habíamos exagerado todo lo que éramos como banda. Lo hicimos para darnos cuenta realmente cuál era la identidad de Idles y así luego poder destruirla para nunca jamás volver a ella. Eso hicimos con Crawler«, cuenta Mark Bowen, guitarrista y productor del grupo, en conversación con Indie Hoy sobre esta nueva fase y su próxima presentación en el festival Lollapalooza Argentina.

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Hay una diferencia sustancial, casi emocional, entre su nuevo disco, Crawler, y el disco anterior, Ultra Mono. ¿Cómo se dio ese cambio?
Estábamos muy cómodos con la salida de Ultra Mono y habíamos alcanzado todo lo que se puede lograr haciendo ese estilo de música, llamémosla… pesada, rockera, más relacionada al lado caótico de las cosas. Con Crawler nos propusimos crear algo que tuviera el mismo espíritu de violencia, vigor, peligro y también euforia pero sin recurrir a toda esa especie de maquinaria contundente. Quisimos que la gente que nos escucha también se pueda sentir atraída por los matices de la música y el sentido real de la canción. En definitiva, creo que la diferencia clave es que ya no somos esta aplanadora gigante, aunque ocasionalmente nos volvamos eso, ahora somos como un apretón de manos: firme pero discreto.

Por otro lado, este último disco estuvo marcado principalmente por experiencias personales, como Joe y sus adicciones, su accidente. ¿Fue algo planeado o fluyó en el proceso de composición?
Bueno, creo que el proceso de composición como consecuencia directa de la pandemia fue mucho más aislado que el de cualquier otro disco y por razones obvias. Con nuestras canciones siempre hacemos la música primero pero en esta ocasión no fue así. En realidad, fue la primera vez que se discutieron las temáticas antes de escribir la música, o su concepto, o lo que sea. En algunos casos hasta nos pusimos a discutir las letras antes, y creo que todo eso se debió justamente a que la música se dirigía de esta manera más insular, más reflexiva, o autorreflexiva, la que nos llevó a componer de esa forma. Por eso terminamos hablando de experiencias personales. La música direcciona el mensaje tanto como el mensaje direcciona a la música.

Si bien es algo que ya habían hecho antes, en esta ocasión se mostraron más vulnerables que nunca. ¿Fue algo difícil para ustedes hablar de cuestiones más intimas?
La verdad es que no, porque creo que siempre lo hemos sido al punto de volverlo nuestro mantra. Tratamos de engendrar eso en nuestra música, está ahí en canciones como “Samaritans”. También está ahí en Ultra Mono y creo que con Crawler por primera vez pusimos en práctica lo que predicamos. Esta vez intentamos resolver nuestros conflictos internos antes que los externos.

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Foto: Tom Ham

Tanto su música como este disco habla de la superación, de la esperanza y la fe. Pero por otra aparte se encuentra esta línea en «The Beachland Ballroom», que dice: «Si me ves de rodillas, por favor no pienses que estoy rezando». ¿Cuál es su relación con la fe?
Como decís, hemos tratado el tema de la fe en otras canciones como “Faith in the City” y “A Hymn”, siempre está ahí. Yo tuve una educación católica romana. No podría hablar por los otros miembros de la banda, pero definitivamente no tenemos una relación religiosa con la fe, aunque claro que respetamos a las personas que sí la tienen y buscan en ella la respuesta a los misterios de la vida. Creo que el concepto de fe, acompañado por la necesidad de buscar respuestas sobre la verdad, es interesante. Aun así, no me gustan las verdades porque a partir de mi viaje personal descubrí que no las hay, pero igual, ya sabés, hay personas que desean comprender su lugar en el mundo y entender que están en este plano con una misión en particular. Hay que respetar eso.

¿Y qué es la fe para ustedes?
Mmm… Buena pregunta, no puedo hablar por nadie más en la banda, de verdad, pero supongo… realmente no lo sé. Francamente nunca pensé mucho eso en mi vida. Creo que es un impulso de seguir adelante.

Muchas de sus canciones denuncian distintas formas de injusticia social como el racismo, la xenofobia, la misoginia. Ahora que pusieron el foco en ustedes, ¿sintieron la presión o la responsabilidad de seguir cantando sobre lo mismo?
No realmente. Desde el principio eso siempre fue algo que íbamos a hacer como banda. Estos son temas que vamos a tocar hasta el final de los días porque son cuestiones que pertenecen a nuestras vidas, como miembros de una sociedad, y es algo que siempre incluiremos en nuestra música. No sentimos ninguna presión externa de abarcar, o no, determinados hechos. Ese es el trabajo de un artista: reconocer las cosas que pasan a su alrededor y poder hablar de eso. Pero la realidad es que tenemos que vivir y servir nuestro arte a las personas que somos en un momento determinado. Creo que está dentro de nosotros seguir escribiendo canciones sobre estos temas porque es lo que más nos interesa como artistas. Pero en cuanto a la presión, no proviene de factores externos, eso es seguro. Y creo que los factores internos que pueden haber surgido con Crawler demostraron que nos sentimos cómodos en nuestra propia piel. No estamos sirviendo a nadie más que a nosotros mismos y es por eso que nuestro arte procederá de esa forma.

Hay personas que los consideran la voz de una nueva generación. ¿Ustedes se sienten así?
Definitivamente no somos la voz de una nueva generación. No hay un miembro de la banda que tenga menos de 30 años. De ninguna manera hablamos con las nuevas generaciones. ¿Hay probablemente tres generaciones detrás de nosotros que están afectando al mundo que nos rodea? Sí, pero definitivamente no es con ellos. Creo que, como he dicho, no estamos realmente preocupados en hablar por nadie más. Hablamos por nosotros mismos. Y si las personas se reconocen a sí mismas en nuestra música, o reconocen algo en nuestra música que les hace sentir algo muy fuerte, probablemente haya una conexión ahí porque estamos escribiendo sobre cosas que nos hacen sentir poderosos. Pero no estamos acá para ser la voz de nadie, eso se lo dejamos a los partidos políticos y a las personas que están involucradas en el activismo. Y, en última instancia, somos solo una banda cuyo arte sirve para reconocer lo que sucede en el mundo que los rodea. Eso es lo que nos interesa: sostener el espejo que refleja las cosas que pasan a nuestro alrededor.

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Algo que llama mucho la atención es la comunidad que los sigue, la «AF Gang». En su grupo de Facebook desbordan los mensajes positivos, de apoyo, de amor, de empatía. Todos están ahí para ayudar a los demás y compartir lo que sienten. ¿Qué tan influyente fue para ustedes tener seguidores así?
Es muy importante. Creo que todos buscamos una comunidad en este mundo donde podamos sentirnos parte de algo que es más grande que nosotros mismos y no sentirnos solos. Ese es un poco el propósito detrás de cualquier canción de Idles, especialmente cuando tocamos temas como la injusticia social o experiencias personales, como decías recién, o cuando esas dos cosas se mezclan. Lo que queremos es que las personas sepan que no están solas sintiendo lo que sienten y que detrás de ellos hay toda una comunidad unida en un mismo sentimiento, con ideas similares que quieren compartir su alegría, su ira, su culpa, su amor y su generosidad. Creo que esto no solamente pasa en la AF Gang, sino que también pasa en cualquier recital de Idles. La AF Gang es una ramificación de todo ese amor. De todas maneras, nosotros no estamos tan involucrados con el grupo de Facebook, es una comunidad que opera por fuera de la banda, no es algo que venga directamente de nosotros. Aun así, me parece que lo que hacen es una cosa muy asombrosa.

¿Ese sentimiento de pertenencia y comunidad se relaciona con la frase que utilizan, “no one is an island”? ¿Qué significa?
Sí, y está presente en muchísima música. Es un llamado de atención a la sociedad, a los gobiernos y a las empresas de telecomunicaciones. Es un concepto que aparece mucho en nuestra música también. “No one is an island” [nadie es una isla] es una frase que decidimos poner en nuestras remeras, pero “No Man is an Island” es una frase que viene del poeta metafísico John Donne. Esa idea tiene mucho que ver en cómo se trasluce el accionar de los medios de comunicación, las redes sociales, la política, los políticos y las campañas publicitarias: viven haciéndole creer a la gente que son una isla, que están aislados, solos y que son los únicos. Tratamos de pelear contra eso, de generar un sentimiento de comunidad en el que la gente pueda sentirse acompañada. Nadie existe de forma aislada y nada sucede en forma aislada. Ese es el mensaje de “no one is an island”.

Cuando estaban grabando el álbum, dijeron que hubo un momento en el que hablaron de las expectativas que había sobre este lanzamiento. ¿Qué tipo de expectativas? ¿El disco logró alcanzarlas?
Es que se suponía que no íbamos a escribir un álbum, se suponía que íbamos a estar de gira por el mundo. Cuando empezamos a componer este disco en realidad teníamos que estar tocando allá, en Argentina. Con la pandemia habíamos anulado cualquier expectativa relacionada a la banda y lo que éramos, todos nuestros planes se habían roto. Igualmente, creo que Idles siempre trató de subvertir las expectativas. Nos gusta jugar con lo que la gente piensa de nosotros como personas y como músicos de rock, la idea de que solo hacemos música masculina, agresiva y de protesta. Con Crawler quisimos alejarnos del estereotipo de banda que habíamos creado. Justamente, eliminar todo tipo de expectativa. Dejar atrás la banda que creó Joy as an Act of Resistance y Brutalism para comenzar a hacer música diferente, con otro tipo de declaraciones. Cuando ya tenés tres discos de estudio en tu carrera y pasás al cuarto, lo más fácil sería seguir haciendo lo que el público espera y festeja. Sería una posición muy cómoda. Nosotros tratamos de dar un giro a la izquierda y hacer lo contrario. Se trata de hacer desaparecer cualquier expectativa, tanto negativa como positiva.

Joe dijo que no quiere tocar más “Model Village» en vivo porque ya no se siente de la misma manera que se sentía cuando escribió la canción...
Bueno, creo que lo que pasó con ese tema es que no tuvo la oportunidad de convertirse en algo más grande en vivo. Cuando escribís una canción realmente nunca la terminás, simplemente la abandonás y dejás que otras personas se adueñen de ella. Llega un punto en el que decís «voy a renunciar a esto a lo que me aferré para que otra persona lo tenga». Pero creo que esta canción en particular, «Model Village», habla mucho sobre cómo Joe se sentía en ese momento y esa no es la forma en la que se siente ahora. En cierto modo, esa canción no tuvo la oportunidad de evolucionar en el escenario. Entonces, si no te sentís de esa manera y nunca tuviste la oportunidad de hacer catarsis con eso, es como ponerte el sombrero de otra persona. Se siente como si estuvieras disfrazado de alguien que no sos. Uno de nuestros principios, el más importante tal vez, es ser siempre honestos con nosotros mismos y ser lo más reales posible. Nada de lo que hacemos, ninguna de las expresiones que se ven en los vivos, ninguna de las emociones o la ferocidad que mostramos, nada de eso es inventado. Es puramente real. Si hiciéramos lo contrario nos sentiríamos unos impostores. Por eso creemos que ya no es apropiado cantar esa canción.

Una de las piezas fundamentales de este disco fue el productor Kenny Beats, quien anteriormente ya trabajó con ustedes y estaba transitando la enfermedad de su padre durante las sesiones de grabación. ¿Cómo fue vivir ese proceso junto a él?
Fue una experiencia muy catártica para todos. Debido a la pandemia, la grabación del disco se llevó de manera bastante aislada del mundo y nos sentimos realmente desconectados del exterior. El estudio pasó a ser nuestro hogar y formamos una especie de pequeña familia entre la banda, la gente que trabaja con nosotros, los ingenieros de sonido y Kenny. Lo sentimos como un proceso de metamorfosis, la transformación de una oruga en una mariposa, pero en vez de ser mariposas probablemente terminamos siendo una especie de polilla resistente, repugnante y aterradora. Hubo una sensación real de esa evolución y creo que todos nos beneficiamos de eso.

¿Qué es lo que más define a Idles?
Lo que define a Idles es el sentimiento de comunidad. Creo que si bien la experiencia puede ser un proceso individual, si esa experiencia es compartida podemos ver que hay personas que piensan, sienten y viven las mismas cosas que nosotros. Como banda, lo que más queremos es compartir esos discursos, impulsarlos y usarlos para progresar.

En 2020 iban a presentarse en el Lollapalooza, había una expectativa muy grande sobre su visita, pero luego llegó la pandemia y el festival se canceló. Ahora la oportunidad se vuelve a dar. A ustedes les gustan los shows enérgicos, con audiencias compenetradas y los argentinos tienen buena fama de serlo. ¿Qué esperan encontrarse acá?
Bueno, recién hablaba de no tener expectativas así que voy a tratar de mantenerme en esa postura. Hace dos años estábamos charlando con unos colegas tuyos sobre el hecho de que estábamos a punto de hacer nuestra primera gira por allá. No quiero mentirte, no hay cosa que deseemos más en este momento que ir allá y tocar. Realmente es la única meta que nos resta cumplir como banda. Sabemos que hay muchos fanáticos por ahí y también recibimos comentarios sobre cómo es el público argentino. Parece haber una conexión muy fuerte entre los artistas y la audiencia, una apreciación mutua que estamos ansiosos por experimentar.

Idles se presenta el domingo 20 de marzo en el festival Lollapalooza Argentina (Hipódromo de San Isidro, Buenos Aires). Escuchá Crawler en plataformas de streaming (BandcampSpotifyApple Music).

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