Los Siberianos: “Tuvimos que girar bastante para hacernos nuestro lugar y nuestro público”

Fernando Guerrico

Hay algo hipnótico en las canciones de Los Siberianos. Tal vez sea esa identidad mutante en la que conviven Sui GenerisNeil Young y algún conjunto de folk estadounidense olvidado en el tiempo. O quizás sea la narrativa cándida y terrenal de vivencias propias y ajenas que en su resonancia parece imprimir el color de su tierra natal, La Pampa. Sea cual sea la razón, el quinteto formado por Tomás Cortina, Joaquín González, Ramiro Achiary, Julián Pico y Roberto Figueroa sabe cómo hacer para que su música llegue y conmueva.

Desde su formación en 2015, los pampeanos sacaron dos discos: Algo tuyo y Melodía y drama. Este último, publicado a finales del 2021, resurge del espíritu cancionero ríoplatense con temas que abrazan la amistad, el amor, y la belleza de lo simple en la cotidianidad. “Este álbum fue bastante revelador, a modo de chiste: casi una revelación espiritual“, cuenta Cortina en conversación con Indie Hoy sobre su ultimo material de estudio.

El grupo se encargó por sí mismo de la producción del LP con su sala de ensayo como centro de operaciones principal. A prueba y error, agregando y sacando, Los Sibe fueron buscando el consenso en cada decisión creativa para moldear el sonido definitivo de su obra. “Nosotros producimos mucho así, tocando y charlando entre todos a pura sangre, aunque después podamos llegar a arreglar algunas cosas en el estudio”, agrega el cantante y guitarrista.

Retomando el sentimiento de camaradería que los caracteriza, era impensado que crearan su disco en soledad sin la compañía de algunos de sus hermanos de vida, por eso contaron con algunas colaboraciones: el uruguayo Paul Higgs fue una pieza importante en la post producción mientras que Leandro Aquistapacie, Miguel Reguera y Machingo Russo aportaron desde su instrumento nuevas texturas a la instrumentación.

En su esencia, Melodía y drama es mucho más intimista que su antecesor pero sin caer en golpes bajos ni en cursilerías innecesarias. La banda se abre sin rodeos a contar lo que piensan y lo que les pasa, a través de relatos honestos y lozanos. Esta vez los protagonistas de la historia son ellos mismos.

A diferencia de Algo tuyo, en este disco aparece la primera persona como narrador. ¿Fue un cambio premeditado?
Sí, en este disco quisimos alejarnos un poco de ese lado salvaje, arrabalero, malandra, o como quieras llamarlo, para centrarnos más en expresarnos sin tapujos, con ideas simples y tratando de ser lo más claros posibles. Me parece que se debe a una etapa de maduración y a dejar de tener la necesidad de escondernos detrás de personajes. Si bien en el primer disco no todos son personajes, es un poco la imagen que uno se lleva cuando lo escucha desde que empieza hasta que termina, tal vez por el uso de la tercera persona. En este último álbum está bien claro que somos nosotros los que estamos hablando.

Si bien la génesis del grupo se dio en La Pampa, la banda quedó formada por completo cuando se mudaron a Buenos Aires. ¿cfómo se dio ese proceso?
Al principio éramos Joaquín y yo con canciones que veníamos haciendo desde hace bastante en formato acústico. Después nos vinimos a Buenos Aires y con el tiempo se fue sumando el resto de los personajes. Apenas llegamos a Capital Federal empezamos tocando en sucuchitos y espacios pequeños porque el proyecto era de solo dos guitarras y percusión; cuando la banda fue tomando forma y cuerpo ahí empezamos a copar otros espacios más contundentes. Desde que llegamos nos hicimos muchos amigos acá y en La Plata con facilidad. Nos empezaron a invitar a todos lados y se fue dando poco a poco. Obviamente nosotros nunca organizábamos nada, pero pegamos onda con muchas bandas de acá con las que se nos fueron abriendo puertas y con paciencia llegamos a donde estamos hoy. Después conocimos a los chicos del sello Queruza y eso ayudó a que nos quedemos más tranquilos en cuanto a cuestiones organizativas. Siempre fuimos bastante carismáticos y creo que eso ayudó.

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Foto: Toto Pons

¿Les fue difícil hacerse un lugar en la escena bonaerense?
No fue fácil ni difícil, simplemente llevó tiempo. Por ahí tuvimos que girar bastante para hacernos nuestro lugar y nuestro público que, si bien no es algo masivo, siempre están ahí con nosotros haciendo el aguante y eso es algo que nos llena el alma.

A veces se compara lo que pasó estos últimos años con el rock pampeano con lo que pasó con la escena mendocina. ¿Sienten que es así, que hay una especie de paralelismo?
Sí, creo que existe. En La Pampa hemos armado una movida muy interesante junto a Knei y Las Sombras, pero la diferencia creo es que lo nuestro es menos pop y tiene raíces más rockeras porque en la provincia hay mucho punk, es más metalera. Sin embargo, con Los Siber nos abrimos camino a un lado más folk, más pop, que por ahí no se había dejado ver en La Pampa. Supongo que la diferencia con Mendoza es que las bandas de allá pueden subsistir yendo y viniendo, porque al ser una provincia más grande tal vez pueden acceder a un público mayor. La movida en La Pampa es más reducida y hay que moverse más, entonces se te acaban los tiros a corto plazo.

¿Por qué creen que la música de la escena pampeana pegó tanto?
No creo que la música pampeana la haya pegado tanto. En nuestro caso, me parece que a la gente les gusta nuestra música porque cada canción presta su lugarcito para refugiarse. Es como que cada tema tiene su veta principal que puede ser drama, gore, canciones de amor, de desamor, y a su vez cada persona puede identificarse de manera diferente con la misma letra, como cualquier canción en realidad. Por ahí me parece que nuestras canciones son bastantes mixtas y eso lo vuelve algo divertido, de escuchar o de presenciar en vivo.

Entiendo que en un principio, la primera vez que iban a tocar, no tenían nombre y surgió como un apuro a último momento. ¿Cuál es la historia detrás del nombre?
No sé de donde sacaste esa data, pero estuviste haciendo una tarea. Teníamos que tocar por primera vez en un lugar y aunque contábamos con las canciones no teníamos un nombre definido. En realidad teníamos uno pero era muy malo. Hasta que hablando con una amiga surgió el nombre de Los Siberianos e instantáneamente me insistió en que teníamos que llamarnos así porque encajaba a la perfección con nosotros. El nombre cerraba porque las canciones eran frías como la Siberia rusa. Como si fuera poco, además, en La Pampa un sector bastante grande le llama “sibete” al porro, entonces la similitud sonora con “siberianos” nos venía genial también.

Pero también se ve que hay una caracterización con los perros
Sí, totalmente, eso también. Siempre coqueteábamos con la idea de los perros. Encontramos cierta mística e identificación en ese animal, por eso lo nombramos en muchas canciones.

Hay una canción en particular, “Aúllan los perros“, que llama la atención porque parece ser un guiño directo a “Lo que guarden tus ojos” de Las Sombras. ¿Fue algo que acordaron en conjunto con la otra banda?
Es medio enroscado, pero nosotros funcionamos bastante haciendo copy-paste. En “Aúllan los perros” yo tenía compuesto los versos y faltaba el estribillo, hasta que Joaco llegó un día y escribió la parte de “no hace falta que me engañes…”, pero al tema no le dimos mucha bola y quedó ahí. Otro día en el estudio, Lulo, que también es el bajista de Las Sombras, nos comenta que estaba escribiendo un tema, “Lo que guarden tus ojos”, pero que le faltaba el estribillo/puente, así que se quedó con ese que habíamos dejado tirado. Pero después volvimos a ese tema dejado y como somos bandas hermanadas decidimos usarlo igual y que quede como una especie de guiño entre las dos.

¿Por qué Melodía y drama?
Porque obviamente no hay canción que sobreviva sin melodía y sin poesía, y nosotros somos bastante dramáticos a la hora de escribir y bastante dramáticos para relacionarnos entre nosotros y con la vida misma. Calzó perfecto, ¿no?

Escuchá Melodía y drama de Los Siberianos en plataformas de streaming (BandcampSpotifyApple Music).

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