The Rolling Stones: Los 50 años de Exile on Main St. y el éxtasis del rock and roll

Fernando Guerrico

Hacia 1971, The Rolling Stones se alzaba como la banda más importante y vigente de la cultura rock. Incluso pese al fracaso de los ideales de los años sesenta y el incipiente ascenso de diversos subgéneros como el hard rock de la mano de Led Zeppelin y Deep Purple, el rock progresivo de Pink Floyd y Yes o el glam rock de Marc Bolan y su T. Rex.

La agrupación británica se había ganado este reconocimiento por haber sobrevivido a la década de los sesenta (a diferencia de The Beatles), que trajo la muerte de su miembro fundador Brian Jones y la tragedia del festival de Altamont. Iniciaron su segunda década de vida con el fabuloso Sticky Fingers (1971), un disco que elevó su capacidad de traducir la influencia de músicas de raíces americanas como el blues, el gospel y el country hacia un propio y superlativo lenguaje musical.

Sin embargo, no todas eran rosas para los británicos. La banda se encontraba en una peligrosa situación financiera a cargo de su manager Allan Klein, adeudando años de pagos de impuestos al fisco nacional. Por consejo del príncipe Rupert Loewenstein, descendiente de la familia Rothschild, huyeron de Inglaterra para evitar la bancarrota y se exiliaron en Francia. Así comenzó la historia de Exile on Main St., un disco que sintetiza la relación apoteósica de The Rolling Stones con la música y la cultura rock, a través de las vivencias y experiencias que atravesaron durante su grabación.

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Una vez instalados en Francia, comenzaron a buscar un estudio cerca de las localidades de Niza y Cannes, pero el equipamiento técnico que hallaron no convenció a la banda. Al mismo tiempo, Mick Jagger se instaló en París mientras Keith Richards decidió alquilar una mansión en Villefranche Sur, cerca de Niza, con el nombre de Villa Nellcote. Por su arquitectura, su historia y el ambiente natural que la rodeaba, Nellcote se volvería una parte fundamental en el concepto artístico que conlleva gran parte del disco. Se trataba de una mansión en ruinas que había sido utilizada por la Gestapo durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial. Además, su proximidad con la costa italiana y con Marsella la convertían en un territorio propicio para los dealers de heroína que pululaban las costas del mar mediterráneo durante los años setenta.

Así, la mansión de Nellcote se transformó en una colonia de vacaciones que llegó a hospedar a setenta personas por día en la casa, alimentando la juerga y el descontrol eterno. La idea de reventar el sistema autoexiliándose propició esta suerte de “reino del caos” en el que Richards hacía de ágape y mandamás. Aprovechando esta situación y la amplitud de las instalaciones, la banda decidió organizar un estudio móvil de grabación para empezar a grabar las interminables sesiones nocturnas que iniciaron en julio de 1971.

Esta es una clave para comprender la postal artística y contracultural que representa Exile on Main St. Tanto el desvío ilegal del suministro eléctrico de las vías férreas para abastecer de electricidad al estudio móvil, como las habitaciones separadas del sótano, baño y cocina que se usaron para grabar, o la comitiva que visitaba la mansión, sean dealers o artistas como Gram Parsons (quien junto con Ry Cooder fue el músico que más le enseño a Keith sobre afinaciones abiertas), todo formó una suerte de fantasía de excesos que se reflejó en la música y los conceptos del disco.

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Mick Jagger durante las sesiones de The Rolling Stones en Francia, 1971 – Foto: Dominique Tarlé

Debido al inminente nacimiento de su primer hijo, Jagger pasó la mayor parte de su tiempo en París, dando lugar a que la formación inicial de las sesiones en Nellcote estuviera integrada por Richards y Mick Taylor en guitarras, el Charlie Watts y el productor Jimmy Miller en baterías y percusión, Nicky Hopkins en teclados y Bobby Keys en saxo. El bajista Bill Wyman participó solo en ocho canciones del disco, ya que no estaba para nada de acuerdo con el ambiente tóxico que se respiraba en la mansión, dejando que Keith grabe la mayoría de los bajos durante su ausencia.

Esta formación puede explicar por qué Exile on Main St. quizá sea el disco de los Stones más influenciado por el gusto y las ideas creativas de Keith Richards. Fue él quien propició la naturaleza anárquica del proyecto, alentando interminables zapadas nocturnas de impecables guitarras acústicas y épicos riffs eléctricos, que se complementaron de manera perfecta con las secciones de vientos, teclados y percusiones. Esto los llevó a experimentar con una variedad de ritmos como el gospel, el blues, el soul, el boogie y el country, sintetizando la profunda relación de Keith con la música norteamericana que había comenzado a explorar en el álbum Beggars Banquet (1968).

Otro elemento clave fue el aporte de Miller, quien se encargó de la producción del disco asistido por los ingenieros de sonido Andy y Glyn Johns. Miller tuvo un papel protagónico en el paso que dieron los Stones del rhythm and blues hacia el encuentro con la música negra del sur de los Estados Unidos. Sus novedosas ideas relacionadas con la percusión y la postproducción de guitarras habían permitido el salto creativo que los Stones hicieron en Beggars BanquetLet It Bleed (1969) y Sticky Fingers. En Exile on Main St. incluso se lo puede escuchar detrás de la percusión de varios temas del disco y tocando la batería del hit “Happy“, canción que Richards dedicó a su pareja Anita Pallenberg cuando se enteró de su embarazo.

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Exile on Main St. representa un momento cúlmine, tanto en la carrera musical de los Stones como en la masiva identificación de la juventud con la cultura rock, poco antes de pasar a reconocerse en nuevos géneros como el glam y el punk. En cierto sentido, la banda había crecido y evolucionado junto al público que se había fascinado con su música y su aporte a la contracultura. Este camino en conjunto había comenzado con la invasión británica, pasó por la psicodelia y encontró la conformación definitiva de su sonido con el lanzamiento de su single “Jumpin’ Jack Flash“. Exile representa el pináculo de esta relación artística y conceptual de tomar al rock no solo como una expresión artística, sino también como un modo y filosofía de vida.

De hecho, muchas de las grandes canciones del disco habían sido trabajadas un par de años antes, cuando la contracultura amenazaba con hacer del mundo algo mejor durante los convulsionados y festivos años de 1968 y 1969, que incluyeron desde el famoso Mayo francés, el festival de Woodstock y la tragedia de Altamont que cerró simbólicamente la década. “Shine a Light”, dedicada a Brian Jones, fue escrita originalmente en 1968 durante la producción de Beggars Banquet bajo el título de “Get a Line on You“, e incluso el pianista Leon Russell y Jagger grabaron una versión en 1969 bajo el título de “Can’t Seem to (Get a Line on You)“.

Más ejemplos abundan. “Stop Breaking Down”, una reversión del original de Robert Johnson, había formado parte de los ensayos de Let It Bleed en 1969. “Loving Cup” fue interpretada por primera vez en el concierto homenaje a Jones en el Hyde Park de Londres en el mismo año. Y “Tumbling Dice”, una de las canciones más populares del disco, fue concebida originalmente en el proceso creativo de Sticky FingersEste fuerte revisionismo de la propia obra e influencias de la banda también dejó perlas musicales que los Stones incluirían en futuros álbumes como “Dancing with Mr. D” y “Till the Next Goodbye”, incluidas en Goats Head Soup (1973) e It’s Only Rock ‘n’ Roll (1974) respectivamente.

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The Rolling Stones en 1971 – Foto: Annie Leibovitz

El proceso creativo que se dio en Francia también demostró la impecable relación artística que mantuvieron Richards y TaylorExile on Main St. los muestra complementándose a través de riffs, solos y yeites, resultando en el punto creativo más alto del período en el cual Taylor formó parte de la banda (entre 1969 y 1974) y que para la mayoría de los fans de los Stones representa la época dorada de la banda. De hecho, luego de la partida de Taylor, los Stones nunca volverían a tener una relación tan carnal con el rock y el blues, y en cambió comenzarían a orientar su mapa musical hacia géneros como el reggae y la música disco, como lo demuestra el ecléctico Black and Blue (1976), su primer disco sin el guitarrista.

Por la mitología que implicó el exilio y la mansión de Nellcote, muchos seguidores de la banda asumen que el disco fue enteramente compuesto en la campiña francesa, pero la realidad es que la producción fue concebida en dos partes: una primera en Francia, donde Keith estuvo al comando, y una segunda en Los Ángeles, donde Jagger retomaría el control creativo. Esto se debió a que, en octubre de 1971, Keith recibió una orden de detención por posesión de drogas duras y la banda debió buscar nuevamente otro lugar donde establecerse. Fue en los estudios Sunset Sound donde se encargaron de darle al álbum un orden conceptual y pulir la crudeza de las sesiones registradas en Francia.

Aún así, en repetidas veces Jagger admitió que nunca se quedó conforme con el sonido de Exile on Main St., incluso tuvo poco que decir sobre el disco en el documental y la remasterización de 2010. Es que fue la fascinación estética y musical de Keith con la música negra y el folclore norteamericano lo que definió el rumbo del álbum. Por eso, en un momento Jagger consideró titularlo “Tropical Disease” (“Enfermedad tropical”), pero al final prevaleció Exile on Main St. por hacer referencia a la denominación de las principales avenidas de Estados Unidos y al contexto creativo de la banda luego de su huida del fisco inglés.

Cuando el álbum finalmente salió el 12 de mayo de 1972, las malas críticas que recibió en un comienzo no lo detuvieron de volverse un éxito comercial, en especial en el mercado estadounidense. Esto se debió a que los Stones eran muy apreciados no solo por la audiencia hippie y universitaria, sino también por la comunidad negra que los respetaba por haber masificado y popularizado sus raíces musicales. Desde esta perspectiva, Exile on Main St. es el disco que mejor pone de manifiesto su heterogeneidad de ritmos musicales y la fuerte influencia de la música afroamericanas durante toda la carrera de la banda. Este éxito además posibilitó que la banda pueda volver a girar por tierras estadounidenses con la épica American Tour de 1972 (que tuvo al reconocido escritor Truman Capote como cronista), luego de casi tres años de ausencia tras los incidentes sucedidos en Altamont.

A 50 años de su publicación, Exile on Main St. reviste el carácter de obra total. Esto se debe a las peripecias inolvidables y desordenadas que dieron origen a su grabación, en un contexto donde aún la cultura rock se mantenía alineada con la idea de revolución contracultural dentro de la juventud, a diferencia de lo que pasa hoy en día. Incluso hoy, Exile continúa siendo una obra reveladora que da cuenta de los últimos años dorados del rock tradicional antes del advenimiento de otros géneros y la consecuente decadencia del mismo como herramienta transformadora de la sociedad. Desde el presente, solo podemos celebrar: ¡que vivan los Stones y su maravillosa música por siempre!

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